Saturday, October 07, 2006

Esclava de tu amor. Cap 1.

Hola a todos!! Este es el libro original. De donde salió la historia. Al principio es parecido pero desùès cambia muchisimo... ojalà guste. Besos y lean!

Esclava de tu amor

L.B.S

Título: Esclava de tu amor
Género: Romance.
Protagonistas: Rachel Estems y William Oconnor.
Fecha de inicio: viernes, 31 de marzo de 2006 23:25:58
Edades: Mayores de 16
Resumen:
Una familia rica cae completamente en la miseria y tiene que elegir como ultima opción ser esclavos de una familia millonaria. La joven y huérfana Rachel Estems sera la esclava favorita de William, un joven vengativo, frió y con una personalidad que esconder. Él se siente muy atraído por la joven y lentamente se ira formando una relación de necesidad y amor. La segunda novela completamente romántica de L.B.S

Dedicado a Argentina. Los momentos malos pasaran y que pronto serán recompensados. Y también dedicado a las abuelas y madres de plaza de mayo. Luchando por su sueño de encontrar a los desaparecidos y para que nunca más exista un golpe militar.
“Ni olvido, ni perdón”. “Cuando duele nunca... nunca se olvida”.

1

Lo que nunca se imaginó Rachel Estems era la suerte que en esos momentos tenía. Todavia podía escuchar las risas de los buenos momentos.
Había perdido en un cerrar y abrir de ojos a sus padres y ahora vivía con sus abuelos y con su hermana menor. Tenía que cuidar de la niña y, aunque nadie se lo había dicho, estaban en la miseria.
Una noche, su abuelo, en medio del llanto, le dijo que no podían seguir viviendo así. Estaban en la completa miseria. Y que había una sola manera de salvarse. Hacía mucho tiempo que conocía una familia millonaria que le encantaba tener a esclavos en sus ordenes. La chica, después de pensarlo mucho tiempo, aceptó el trato. Era la única manera de salvarse. Era algo demasiado extraño. ¿Cómo una familia iba a pagar tanto dinero solo por que quería una esclava?
La chica no estaba segura de su suerte. Nunca había sido mandada por nadie y odiaba tener que serlo. Solo tenía 18 años recién cumplidos y su miedo cada vez era mayor. No sabía que sucedería pero no quería ni siquiera pensarlo.
Rachel miraba por la ventana de su casa una y otra vez. Tenía lágrimas en los ojos y estos estaban rojos. Su cabello había perdido su color. Su sonrisa había desaparecido.
—No puedes hacer esto, Rachel—le dijo una voz detrás de ella.
La chica se dio vuelta y miró con ternura a una nena pequeña. Era su hermanita. Sus padres habian fallecido y ella nunca podía dormir. Rachel pensó que iba a trabajar en la mansión de los millonarios junto a su familia.
Pero lo malo fue cuando se enteró que iba a trabajar sola. Su abuelo le comentó que el joven millonario había accedido a que sea solo su esclava. Así que la chica haría todo sola. Sus abuelos ya no podían trabajar y su hermana era pequeña. Según sus abuelos, todo era una locura. El joven quería que sea SU esclava. Que estuviera a su lado, siempre.
—¿Por qué no vas en busca de tus mejores amigos? ¡Lyzander, Libby, Melissa y Lausanne no permitirían esto!—exclamó la nenita. Sus ojos color miel lloraban. Rachel se agachó junto a ella y acarició su mejilla.
—No todo es un cuento de fantasía como siempre te he contado. No existen sueños, magia ni colegios con magia que salvaran tu vida. Mi verdadera vida esta por comenzar, Lindsay. Te quedaras con el abuelo. Yo estaré bien... te lo prometo.
La nena siguio llorando y su hermana la abrazó.
Era una locura. Seguir las ordenes de un loco que quería una esclava. ¿Qué tendría que hacer con él? Ni siquiera quería pensarlo. Tal vez le tocaría una persona amable y bondadosa... o tal vez un pervertido que solo quería abusar de ella.
Su hermanita menor tenía razón. Sus cuatro mejores amigos no permitirían eso. Pero a única solución era casarse. Lyzander no podría casarse con ella, ya que estaba de novio con su otra mejor amiga Libby. Melissa no podía casarse con ella y, además, hacía años que no se veían. Pero Lausanne sí. Él no tendría problema, tal vez. Tenía una solución a lo que sucedía. Tenía una solución a ser humillada y avergonzada por años. Cerró los ojos mientras que contenía las lágrimas, no podía llorar frente a ella. No podía hacerlo.

William Oconnor jugaba al golf con su hermano menor. Tenía 2 años menos que él. Los dos se llevaban muy bien. Andre era un chico amoroso. Rubio, ojos verdes, sonrisa bondadosa y mirada de chico bueno. William sabía que su hermano no era en verdad su hermano, y Andre también lo sabía. Pero sin tener lazos de sangre, ambos se amaban.
Fueron hacia la piscina con una sonrisa. Ambos iban a meterse sin siquiera sacarse la ropa, cosa que su madre odiaba y siempre se quejaba. Johanna Oconnor estaba acostada en una silla cerca de la piscina. Tenía un traje de baño blanco y unos grandes anteojos. William la miró de lejos. Su relación últimamente estaba muy fría y olvidada. Se miraban y se sonreían de vez en cuando. Él no quería llevarse así con su madre pero Johanna lo miraba con indiferencia. Su padre, un hombre de sumo respeto en la sociedad, también no le hablaba.
—Hola, hijo. Me dijo la esclava Anne que has estado descompuesto—le habló finalmente su madre. William la miró contento y se sacó la remera, por que el calor era sofocante. Su madre miró sorprendida los músculos de su hijo.
—No te preocupes, madre. Me sentí mal—le dijo él sonriéndole. Andre se tiró a la piscina. Johanna lo miró con ternura.
—¿Has estado en el gimnasio?
—Hago fútbol, mama—le corrigió él. Johanna solo quería entablar una conversación mientras que miraba a su hijo pequeño—. Siempre lo quisiste más a él que a mí.
—¡William, hijo!—exclamó ella sacándose los anteojos y mirándolo enojada—. Los quiero a los dos por igual. ¡¿Cómo puedes decir eso?!
William se levantó, sin saber bien lo que hacía, y se fue hacia su enorme mansión. Recordó que su padre lo había llamado para decirle que una nueva persona estaría en la casa.
—Veo que te gusta lastimar a tu madre, somos dos—dijo una voz fría cuando William entró al salón principal, donde había alguien tocando el piano. William miró a su padre, quien desconocía de donde había sacado talento para tocar el piano.
—¿Por qué lo dices? ¿Qué le has hecho a mama? ¿Otra vez la has engañado?
—No entiendo por que, William. Pero ya deberías entender el por que lo hice. Eres un gran nene que quiere crecer pero no puede—le dijo él con una sonrisa maligna.
—¿A que te refieres?
—Cuando sientes atracción por otra persona, tanto que no puedes sacar tus ojos de ella, no es amor... sino pasión. Yo sentí eso por esa mujer... cosas que hace mucho no siento por tu madre—le dijo Malcom, su padre. William entendió lo que sucedía. Pero no quería hablar del tema.
—¿Por qué me llamaste?
—Ayer me llegó un mensaje de un conocido mio de hace muchos años. Me dijo que estaban en la completa miseria y que, por si fuera poco, su hija había muerto y sus nietas se habian ido a vivir con él. Le dije algo que te interesara mucho—le dijo él en silencio. William se quedó mirandola sin poder entenderlo.
—¿Qué cosa?
—Te compré una esclava—le respondió él como si la oferta fuera muy seductora. William era demasiado molesto con eso. Su padre y su madre le habian enseñado que no debía juntarse con gente de otras sociedades. Una esclava significaría una mujer pobre y sin educación, eso suponía.
—¿Una esclava? ¿Te refieres a una pobre?
—Claro que sí. No hay nada más hermoso que ver a una pobre sufriendo y siendo humillada hasta la medula ósea—le dijo con odio y un brillo especial en sus ojos.
—Pero lamentablemente—le dijo Malcom Oconnor cerrando el piano. Eso despertó a William de repente—, tengo que irme de viaje a ver a la hermosa mujer de la que te hablé. Y tu, hijo mio, tienes que hacerla humillar tanto que llore bajo tus pies y te implore que dejes de hacerlo. Además... dicen que las esclavas son muy buenas amantes.
—¿Quieres que tenga una amante? ¿Estas algo loco, papá?
—Dime padre. Quiero que tengas una amante y punto. Es una obligación—le respondió él.
William se sorprendió por la frialdad de su padre pero, en ese momento, sonó el timbre de su fabulosa casa. La esclava Anne, una mujer pelirroja de ojos verdes, fue corriendo hacia la puerta. William ya estaba ahí, la tomó de la cintura y le regaló una sonrisa divertida.
—Señor William, déjeme abrir la puerta por favor—le pidió ella con las mejillas sonrojadas. William tenía una buena relación con ella y le encantaba ver sus mejillas rojas. La mujer, grande para esas cosas, no le prestaba atención.
—Sabes que te amo... ¿Por qué me tratas así? Solo déjame besarte una sola vez...—le decía él con una sonrisa burlona. Ella sabía que era en broma. Le sonrió y besó su mejilla.
—Ya tuviste mucho, déjame abrir la puerta antes de que la señora se enoje conmigo y no puedas decirme que me amas—le pidió ella. William se quedó a su lado viendo quien era la persona a la que iba a molestar y cuando la vio se quedó perplejo. Una perfecta chica sonrió con vergüenza.

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